No es agresión a los profesionales de la salud, es un tipo de violencia social

Ningún motivo justifica la violencia verbal o física contra los médicos, y tampoco existen soluciones mágicas dado que intervienen múltiples factores en su producción”

Por el Dr. Miguel Lázaro Presidente de SIMEBAL y la Dra. Carmen Fernández delegada AP SIMEBAL

El pasado día 12 de marzo celebramos el Día Europeo contra las Agresiones a los profesionales de la salud y muchos de los implicados ni se enteraron.

Quizás lo estemos enfocando mal. No son agresiones, es decir, no son conductas agresivas, son conductas violentas. Es la violencia contra los sanitarios, un tipo más de violencia social, el concepto más acertado y adecuado para referirse a las llamadas conductas agresivas de algunos usuarios de la sanidad pública contra los profesionales sanitarios.

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La violencia es un concepto más pertinente ya que es intencional, su objetivo es hacer daño y, así mismo, es más específica porque excluye conductas agresivas cuya etiología puede ser variada y aquí incluiríamos la que es motivada por trastornos mentales, intoxicaciones o enfermedades neurológicas o metabólicas. Es por eso por lo que debe de ser abordada con los medios y con las estrategias, que la Administración utiliza a nivel preventivo y penalizador contra otro tipo de violencias. Por otra parte, las denuncias sólo representan una pequeña parte de la dimensión de la violencia ya que los profesionales, irresponsablemente, no notifican la violencia ni el maltrato psicológico.

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La violencia de todo tipo, de género, contra los ancianos, niños, política, es un fenómeno que, en lugar de disminuir, aumenta día a día. La violencia contra los profesionales sanitarios es una clase de violencia difícil de explicar porque no se entiende que alguien agreda al que quiere ayudarle en la mejora de su salud.

En el año 2009, la Organización Médica Colegial creó el observatorio contra las agresiones, y lo que sirvió como detonante fue el asesinato de una médica en la región de Murcia. Quince años después, se ha conseguido que la agresión a un médico se tipifique como delito de atentado a funcionario público, que se cree una figura dentro de la policía que realiza labor de interlocutor contra las agresiones a profesionales de la salud y la formación impartida en este campo. Pero la realidad es que la violencia a los profesionales sanitarios sigue aumentando y es uno de los problemas más graves a los que se enfrentan los sanitarios en su trabajo diario.

A pesar de los estudios, no se conocen las causas de este incremento, pero se apuntan hacia algunos motivos: situaciones de ansiedad ante la falta de información (sobre todo en urgencias hospitalarias), situaciones en las que las expectativas del paciente no se cumplen (obtención de recetas, pruebas complementarias, bajas laborales…), listas de espera tanto en la atención en consulta como de pruebas complementarias, desconfianza en la actuación de los profesionales, etc.

Pero ningún motivo justifica la violencia verbal o física contra los médicos, y tampoco existen soluciones mágicas dado que intervienen múltiples factores en su producción. Es necesario que, para abordarlo, se implique a la Administración, a los ciudadanos y a las organizaciones profesionales.

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La implicación de las administraciones es esencial ya que, de los diferentes motivos enumerados, muchos podrían abordarse con la mejora de la gestión. La educación al paciente, o los diferentes programas formativos para ciudadanos sobre las características de la atención sanitaria que se le puede ofertar con los recursos disponibles, podría ser también un área de trabajo. Difícil lo tenemos desde las organizaciones sindicales o colegiales que formamos a nuestros profesionales y trabajamos día a día para mejorar la calidad atención sanitaria, si desde las administraciones se ofrece barra libre a un ciudadano que exige una actuación al profesional que tiene enfrente, al que convierte en el blanco de sus frustraciones llegando, en cada vez más ocasiones, a la violencia física o verbal.

Las campañas dirigidas a los ciudadanos explicándoles qué es la atención sanitaria y equilibrando las expectativas frente a la realidad del sistema sanitario evitarían ansiedades, frustraciones, decepciones y exigencias. Fomentar el empoderamiento y la responsabilidad de la ciudadanía y el respeto al sistema sanitario debería de ser una línea estratégica prioritaria. Es la administración sanitaria quien debe proteger y cuidar a sus profesionales y a quien hay que denunciar, por parte de los trabajadores, en todo tipo de comportamiento violento contra ellos.

Ya saben, en derrota transitoria pero nunca en doma.

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