Nuestros delegados de Atención Primaria de SIMEBAL Carmen Fernández y Gorka Iriarte, han analizado la caótica y preocupante situación de la Atención Primaria en las Islas Baleares.

Este escrito, es fruto de la conversación con múltiples compañeros médicos de los Centros de Salud, así como de sus pacientes: ambos son los grandes afectados de esta calamitosa situación.

La realidad sanitaria de la CAIB no puede soportar más el lenguaje vacío de la política ni los eufemismos que utilizan los políticos para maquillar la realidad:

  • Cuando se hace público que las Urgencias hospitalarias están desbordadas y que se han atendido más de 400 pacientes en 24 horas en urgencias de Hospital Son Espases, el IB-Salut disimula diciendo que el sistema está algo tensionado por la pandemia y por la llegada de turistas durante el verano;
  • Cuando la organización sanitaria es presa del caos ante la imprevisión de cada ola de pandemia, se regatea diciendo que la Atención Primaria ha sido clave en la gestión de la pandemia COVID-19, respondiendo a las necesidades asistenciales y adaptándose a los diferentes escenarios surgidos en cada una de las olas de pandemia;
  • Cuando los trabajadores se ven obligados a doblar la jornada laboral y se les sobrecarga de trabajo, se sale con que se han mantenido las vacaciones y permisos habituales, facilitando con ello el merecido descanso de las plantillas habituales;
  • Cuando los políticos califican de héroes a los profesionales sanitarios, esconden que la heroicidad ha consistido en tener que trabajar en las terribles condiciones en las que los políticos y gestores les obligan a hacerlo.

Eufemismos, lenguaje vacío y mentiras, muchas mentiras, porque la verdad es que desde mucho antes de que irrumpiera la pandemia no había verdadera gestión y la asistencia sanitaria dejaba ya mucho que desear.

El COVID ha acabado de hundir el frágil ecosistema sanitario y el IB-Salut es ahora una mera fachada a punto de derrumbarse: la falta de medios personales y materiales es absolutamente dramática y su consecuencia real es una pésima asistencia sanitaria al ciudadano.

Los protagonistas de la sanidad son hoy las listas de espera de años, las intervenciones tardías, la falta de especialistas, la derivación de pacientes, la fuga de profesionales, la inexistencia de relación estable y fructífera entre médico y paciente, la precariedad laboral y una asistencia sanitaria indigna para la población balear.


Estos males afectan a todos los ámbitos de la sanidad balear, pero son especialmente duros en el ámbito de la Atención Primaria, en la que el maltrato al paciente y al profesional es la norma.

Empecemos por lo obvio: no es cierto que se haya podido mantener la actividad asistencial propia como antes de la pandemia. Todo el mundo ha sido testigo de ello, pues las dificultades de los pacientes para acceder a los centros de salud son más que evidentes y mantener una visita presencial con tu médico de familia es una odisea.

Pero es que ¡no hay personal! y el que hay está absolutamente sobrecargado por la suma de asistencia habitual y nuevas exigencias COVID.

Baleares ya tenía antes de la pandemia la peor ratio de médico/paciente de toda España y cada profesional tiene adjudicado una media de entre 1800-2000 pacientes, lo que supone un % más que la recomendada por el propio IB-Salut.

Y es que lo que es imposible es que un profesional esté a la vez en varios sitios, y como todos los usuarios saben, se está vacunando a un ritmo frenético y se ha creado una consulta específica de COVID-19 en cada centro de salud a la que hay que destinar tanto personal médico como de enfermería que previamente se dedicaban a la actividad asistencial propia.

Por todo ello el seguimiento de los pacientes crónicos (hipertensos, diabéticos, con dolor crónico…) y la atención a la patología urgente no puede ser la misma, si no se incrementa el número de médicos que la realizan. Si el tiempo es el mismo y las tareas se diversifican incrementa al doble, algo se habrá tenido que dejar de hacer…

Así pues, la espera para conseguir cita con el médico de familia es en la mayoría de los casos superior a 72 horas llegado a los 20 días, dado que uno o dos días de la semana pueden estar dedicados a consulta COVID y por otro lado sus vacaciones o días de permiso no son sustituidos. ¿Y a dónde se van los pacientes?

Muchos a las urgencias hospitalarias que están desbordadas, otros a realizar sus quejas al servicio de Atención al paciente, y otros a las agendas de los pocos médicos de primaria que quedan en el centro de salud que ya la tienen completa, pero, como en el metro de Tokio, empujando siempre cabe alguno más, con aplastar bien al resto ya tenemos bastante…


El IB-Salut dice que ha adaptado las agendas. El problema de las agendas médicas de primaria es que son infinitas: se crean agendas con unos 25 huecos y en el tiempo de consulta se van añadiendo más y más pacientes, hasta el infinito y más allá. En un mismo minuto pueden estar apuntadas varias personas para una misma consulta médica.

¿Qué hacemos?

¿Los visitamos de dos en dos y al mismo tiempo llamamos a algún otro paciente por teléfono? ¿O les proporcionamos una atención adecuada dimensionando las plantillas de médicos de forma correcta? ¿O dan la cara los responsables del IB-Salut y les explican a los usuarios que se ha de reducir la cartera de servicios porque no se dispone de médicos suficientes?

El IB-Salut ha asegurado que “se han mantenido las vacaciones y permisos habituales, facilitando con ello el merecido descanso de las plantillas habituales”, pero se le ha olvidado decir que el descanso de unos es gracias a la sobrecarga de otros. Para que un médico se vaya de vacaciones, como no se contratan sustitutos suficientes, se cierran consultas la mayoría de los días y el resto de médicos que tienen predisposición, han de doblar jornadas. Cuando regresa el médico, que en teoría ha descansado, se encuentra un trabajo inabarcable no realizado en su período de vacacional y agendas sobrecargadas que le frustran y le provocan estrés.


La sobrecarga de trabajo a la que se somete a los médicos de primaria conduce a que puedan cometerse errores, a retrasos en la atención al paciente y la consecuente frustración de estos, que siempre pagan con el profesional…(¿cómo van a quejarse al político inaccesible?) y los episodios de violencia se repiten contra los médicos y otros sanitarios mientras los verdaderamente responsables se lavan las manos y se niegan a contratar vigilantes de seguridad que algunos centros de salud han solicitado encarecidamente.

El estrés, la sobrecarga y la violencia, también conducen a la pérdida de salud, porque, aunque alguno no lo crea, los médicos somos humanos y enfermamos. Las bajas laborales entre nuestros facultativos han aumentado y lo seguirán haciendo si seguimos abusando de su buena voluntad.

No sirve con decir que no tienen suficientes médicos para contratar, tenían profesionales formados en las Islas Baleares que se han ido porque prefieren buscar otro tipo de trabajo, algunos en otro país donde tienen mayor reconocimiento profesional, donde las agendas son adecuadas a la demanda y el pago por sus servicios se ajusta mejor al nivel de responsabilidad que se nos exige a las médicos.

Solicitamos al IB-Salut sinceridad y transparencia, que expliquen a la ciudadanía la verdadera situación del sistema sanitario y en qué van a gastar el dinero que llega de Europa; solicitamos previsión a la hora de gestionar el sistema: si sabe que puede venir una nueva ola o que va a llegar la gripe en invierno o que aumentará la población flotante en verano, planifiquen y prevean cuantos médicos necesitarán y contrátenlos.

No puede ser, por ejemplo, que los profesionales estén obligados a fijar sus vacaciones antes del 30 de abril, pero el 1 de agosto el IB-Salut no haya organizado todavía las sustituciones, y la respuesta sea que no hay profesionales que contratar porque se van a lugares con mejores condiciones de trabajo.

El IB-Salut debe explicar a la población cuáles son los medios con los que cuenta, qué se puede hacer y qué no se puede hacer. No nos engañen con que el sistema está «un tanto tensionado» y podemos con todo, porque los médicos no somos superhéroes ni estamos rodando una película: esto es la vida real y no podemos crear finales felices para hacernos ver una realidad idealizada, sesgada e interesada.

Si no se actúa, la Atención Primaria que hace años nos enorgullecía pasará a darnos vergüenza.

Desgraciadamente hemos llegado a una situación que, en muchos casos, ya puede ser irreversible. La desmotivación del personal médico se va acrecentando, la sensación de que el trabajo no se está haciendo bien es diaria, cuestionándose el propio médico si esta es la especialidad para la que uno se preparó. Además, existe una falta de reconocimiento por parte del IB-Salut hacia su labor y todo ello favorece que la fuga de médicos de familia sea constante.


Y aquí los datos, otra vez los datos son claros.

¿Cómo puede ser que de las últimas promociones de médicos de familia que formamos en nuestras islas, ni el 30% quieran ejercer en una consulta de un centro de salud?

¿Cómo puede ser que médicos de familia de años de profesión se planteen o bien salir de las islas a ejercer en su comunidad de origen o bien en cambiar su actividad cotidiana a 061, urgencias hospitalarias o cualquier otra actividad relacionada o no con la medicina?

Se nos puede llenar la boca con que este año 50 médicos de familia iniciaran la residencia… pero ¿cuántos perderemos por el camino?


Al médico de familia se le exige que realice consultas presenciales, telefónicas, domicilios, emergencias, informes, bajas, cirugía menor, ecografía … y un sinfín de actuaciones. Pero claro, si tuviésemos cupos de 1300 pacientes como recomiendan todas las sociedades científicas relacionadas con la medicina de familia, y no de 1800/2000 como tenemos, si tuviésemos una partida presupuestaria por paciente adecuada y no mínima como la tenemos (Baleares está entre las 3 comunidades con peor asignación económica medico paciente) y si no tuviésemos una precariedad contractual en nuestros médicos de familia que roza el 45%, quizás, no lo sé, la situación sería diferente.
 
Históricamente, el déficit de médicos de familia en las islas es evidente, pero el futuro que nos viene por delante no puede ser más descorazonador y alarmante. En los próximos años se jubilarán 20 médicos de familia por año. No hay recambio generacional por mucho que se quiera confundir a la población, con el ya conocido mantra, de «la asistencia está asegurada». ¿Y qué haremos entonces? ¿Pediremos a nuestros médicos aún un esfuerzo mayor? Porque recordemos que esta situación actual, pandemia incluida, estamos sobrellevándola, por la innegable implicación diaria de nuestros médicos, por su compromiso con sus pacientes y su ética profesional, pero se llegará a un límite porque todo vaso acaba rebosando.
 
Pero todo esto tiene un afectado, claro y con nombre propio: el propio paciente.

En muchos casos días de espera para que le visite su médico, si tiene la suerte de coincidir con él. En otros casos meses de espera para visitar a su especialista.

Y la pregunta que se le puede hacer es: ¿Está usted satisfecho con la atención medica comparada con la de hace 10 años? Si la respuesta es positiva será porque el paciente aun continua a las manos de su médico de familia de siempre, que lo conoce por su nombre, esencia de nuestra especialidad, pero en su gran mayoría la respuesta será negativa porque la realidad es tozuda.
 
Necesitamos “mano de obra”, necesitamos médicos de familia, necesitamos que se cuide a los que tenemos, se los incentive. Se necesita captar con contrataciones fijas a los médicos que acaban y a todos estos médicos que durante años están ejerciendo en la precariedad.

En el momento que tengamos más médicos, la rueda funcionará, pero si no actuamos ya, el futuro es negro, muy negro. Señores políticos, responsables de todo esto, la pelota está en su tejado y la responsabilidad también.

Basta de palabras vacías, de estadísticas orientadas a la confusión y cuiden a sus médicos de Primaria, cuiden a sus pacientes a los que tanto quieren y que están sufriendo y sufrirán la horrorosa gestión de la Atención Primaria.

Esperemos que este reflejo actual y real, despierte de una vez por todas a la Gerencia de Atención Primaria y al propio IB-Salut.