La Sanidad española, que siempre fue considerada como una de las mejores del mundo, ha sido durante décadas uno de los principales baluartes del estado de bienestar. Una Sanidad que lleva años liderando el ranking mundial de trasplantes de órganos, que nos ha situado como segundo país del mundo en esperanza de vida detrás de Japón y donde, sin duda gracias a la sanidad universal, todos los españoles hemos sentido que el derecho a la salud era una realidad para todos.


Pero nuestra magnífica sanidad se ha visto lastrada por una década de recortes y falta de inversión que nos ha venido alejando de la sanidad de los países de nuestro entorno europeo. Esto se ha traducido en los profesionales en una disminución de las plantillas con la consiguiente sobrecarga laboral que ha llegado a ser insostenible, y en el resto de los españoles -en especial los pacientes- que se han visto con listas de espera para casi todas las actividades del sistema sanitario que además iban en aumento mientras que la calidad de la atención que recibían iba disminuyendo.


La Atención Primaria, debido una falta de inversión crónica, ha aumentado su déficit de profesionales y su ratio ha disminuido aún más respecto a los países europeos más desarrollados con los que nos debemos comparar, aumentando la demora para ser atendido por su médico de Familia que antes de la pandemia se cifraba en más de siete días. Todo ello empeorado por la burocratización excesiva que soporta.


Las listas de espera de pruebas diagnósticas, de acceso a los médicos de
distintas especialidades, o quirúrgicas, han ido creciendo mes a mes y año a año, sin mas solución en muchas ocasiones que la ocultación o el maquillaje de las mismas.


El abordaje de las enfermedades crónicas, el cribado y la prevención de algunas enfermedades, junto con el aumento de los enfermos pluripatológicos por una cada vez mayor esperanza de vida, han dado lugar a una mayor percepción de la calidad de vida, con un sistema sanitario que no crecía en consonancia en recursos materiales y humanos con las demandas de la población, provocando la insatisfacción crónica de pacientes y profesionales con una sanidad en continuo estado de saturación.


Los retrasos en el acceso al médico de Familia, pruebas diagnósticas y distintos especialistas han provocado dolor, sufrimiento, invalidez en muchos casos y hasta fallecimientos, porque los recortes en Sanidad siempre acaban traduciéndose en muertes evitables.

El sistema político español con la sanidad transferida a las Comunidades
Autónomas hace que existan 17 servicios de Salud más Ingesa, que sólo
comparten una cartera única de servicios, y donde los criterios de inversión en sanidad están condicionados más por temas políticos que por la población que se atiende, no siendo éstos siquiera finalistas, por lo que cada comunidad puede destinar dichos fondos a las partidas que considere.
Este deterioro del sistema sanitario que se viene produciendo desde hace años ha provocado la huida de numerosos médicos del Sistema Nacional de Salud, dejándolo sin su recurso más necesario.


Esta situación previa ha empeorado con la actual pandemia de SARS-COV2, que ha puesto al descubierto las debilidades de nuestro sistema que se iban ocultando con la profesionalidad y entrega de los profesionales. Nuestro sistema sanitario se ha visto desbordado por las olas pandémicas, al contrario de lo que ha pasado en otros países europeos donde la mayor inversión en sanidad traducida en mas recursos materiales y humanos ha permitido afrontarla sin tensionar el sistema.


Este deterioro del sistema sanitario que se viene produciendo desde hace años ha provocado la huida de numerosos médicos del Sistema Nacional de Salud, dejándolo sin su recurso más necesario y el RDL 29/2020 agravará aún más el problema.


El RDL 29/2020 que se presenta como solución a la supuesta carencia de
profesionales médicos pone en grave riesgo la salud de todos los pacientes y menoscaba sus derechos en materias de salud, al no asegurar al paciente que serán tratados por un médico con la Formación Sanitaria Especializada como así lo marcan las leyes europeas que regulan el ejercicio profesional de la medicina en toda Europa. Según este RDL los pacientes pueden ser tratados por médicos sin ninguna especialidad, por médicos de otras especialidades y hasta por otras categorías profesionales que asuman competencias propias del médico, suponiendo todo esto una grave degradación de todo lo que supone la Sanidad Pública Española, que se aleja cada vez más de la regulación -que no deja de ser una seguridad para el paciente- que suponen las normativas comunitarias y legislativas como es la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, y lo más preocupante, del estándar de calidad que nos merecemos los ciudadanos.
Es por todo ello que los abajo firmantes piden:


1- La Retirada inmediata del RDL 29/2020 por poner en grave riesgo la
seguridad de los pacientes.


2- La solvencia financiera de nuestra sanidad que permita dar una asistencia de calidad, con un aumento de la financiación para adecuarla a la media europea de nuestro entorno con criterios finalistas para la misma.

3- Criterios homogéneos y consensuados de todas las Comunidades
Autónomas en línea con las recomendaciones de expertos de reconocido
prestigio para el abordaje de la pandemia y aplicación uniforme de los
mismos en todo el territorio español.


4- El abordaje de todos los problemas que están provocando la saturación
crónica del sistema sanitario público de una forma consensuada con todos
los agentes implicados: profesionales y pacientes. Y aplicación inmediata
de las soluciones.


5- Por último, queremos un pacto por la Sanidad de Todos y para Todos,
que asegure la calidad asistencial desde el consenso y el diálogo de todos
los partidos políticos y agentes implicados; pacientes y profesionales.


Madrid a 19 de octubre de 2020.