Mallorca copa, desde hace ya más de una semana, todos los informativos de todas las televisiones y no es por su gran excelencia turística, sino porque estamos en la “UCI pandémica” y en situación de máximo riesgo ya que tenemos una incidencia de 677 por 100.000 habitantes en los últimos 14 días. El escenario sanitario provocado por el Covid 19, nos retrotrae y se asemeja al que ya vivimos en abril en la primera ola. Desde el 14 de diciembre, la presión asistencial, la ocupación de las Ucis, el numero de ingresados, el número de pacientes en seguimiento por los abnegados médicos de familia y el alto numero de profesionales sanitarios infectados (más de 200 ), y la positividad de las PCR superior al 10% es la tormenta perfecta, que nos sitúa al límite y que anticipa, según nos comportemos en lo que resta de navidad, una gran ola después de reyes que será el “coup de grace”, que desbordaría nuestro ya tensionado sistema sanitario público.

Hace unos días, la gerencia de HUSE, decidió la anulación de permisos y vacaciones navideños y la limitación quirúrgica, decisión a la que se ha sumado también la gerencia de Son Llatzer y probablemente será secundada por alguna gerencia más. La Junta de personal de HUSE, aceptamos la decisión, por responsabilidad, por nuestro sentido ético del deber, porque somos conscientes de la situación crítica que estamos viviendo y porque ese es nuestro trabajo, a pesar de ser muy conscientes de nuestros derechos y de que necesitábamos más que nunca descansar. Ahora bien, unánimemente, le comunicamos al gerente, que había habido una deficiente gestión en la contratación de personal de enfermería, (según manifestaciones a IB3 televisión, de la directora médica del centro, “falta mano de obra”), a pesar de que en octubre ya le habíamos solicitado, la contratación del citado personal, imprescindible, cuando se quieren ampliar las camas. Él no lo vio necesario en ese momento y así nos va.

Mas aún, hace más de un mes, enfermeras de la excelente y magnifica UCI de HUSE, se reunieron con la líder del sindicato SATSE con el objetivo de negociar la incorporación de 10 enfermeras en la UCI para que iniciaran así su formación específica. Parece ser que esto también se denegó. El director de enfermería manifestó, en aquel entonces, “que por ahora no, pero si es necesario se contratarían”. Y eso, que tanto el jefe de servicio y la jefa de enfermería de la UCI, en un escrito de 4 folios, argumentaban la necesidad de contratarlas. Moraleja: no lo hizo cuando pudo, y ahora que las necesitamos no hay. Vaya ojo clínico previsor y vaya lumbreras en la gestión. Todo por la eficiencia. ¿Y la calidad asistencial?

Bien, prosigamos: hace unos días la consellera, hacía unas declaraciones, en las que decía que teníamos capacidad para ampliar más de 150 camas. Claro, que una cama es solo una cama, que la cama la ocupan los pacientes y que estos necesitan cuidados por parte de un número y una ratio de enfermería y Tcaes suficientes. Me pregunto qué hacen las enfermeras rastreando, tarea que podían desarrollar perfectamente otros profesionales, cuando faltan en los hospitales. Me sigo preguntando, por qué no hemos puesto en marcha programas de formación específica e intensiva en unidades de críticos, para personal de enfermería, que es lo que nos falta ahora. 

Bien, recordemos lo obvio, la pandemia es un grave problema de salud pública, que ha matado a más de 70.000 españoles, que mata a jóvenes y que produce secuelas importantes. Esta es la realidad que hay que consumir. En este problema, hay que hacer dos reflexiones y el eje es la corresponsabilidad de los ciudadanos y de las administraciones. Cada uno haciendo lo que toca y debe.

Una: la conducta de los ciudadanos es fundamental. Uno no se auto contagia. O contagias o te contagian, si te relacionas y no te proteges de forma adecuada. Esta ola que estamos sufriendo, la hemos construido, en el puente de la constitución donde hubo más movilidad e interacción social, en las reuniones posteriores, en los actos sociales, en las aglomeraciones etc. Bien: ahora hay que apelar, una vez más, a la autorregulación o como se dice ahora, al autoconfinamiento restrictivo voluntario por conciencia social. El nosotros y el plural debe de prevalecer sobre el ego y el singular. La Nochevieja será lo que nosotros queramos que sea. Podemos optar por la conducta psicopatona e inmadura o por la conducta responsable. Nos jugamos mucho. Mas aún, cuando tenemos la vacuna a la vuelta de la esquina, que es nuestra gran esperanza. Pero solo se vacunan los vivos, no los muertos. Más que nunca hay que cuidarse. Ya basta de quejorrea navideña: esta Navidad tenemos que hacerla diferente y especial, ese es el reto y nuestro deber.

“Es necesario un autoconfinamiento restrictivo voluntario por conciencia social”. Dr. Lázaro.

Dos: a pesar de que todos somos sabedores de los seudoliderazgos de los seudo líderes políticos. A pesar de que esta pandemia es una crisis sociosanitaria, con una dimensión económica muy importante, (que debería ser abordada a través de ayudas, compensaciones e incentivaciones económicas importantes por parte de la administración), no podemos olvidar que una economía saludable es secundaria a una buena salud del ciudadano. Ahora bien, las administraciones tienen el poder de normativizar las estrategias de restricción y es muy difícil de comprender que con la que está cayendo, con la que pueda caer en enero (no solo habrá cuesta sino un gran ola), con los datos sanitarios que tenemos, el Govern haya optado por unas medidas restrictivas que no son congruentes, proporcionales y con la intensidad adecuada con el escenario de alto riesgo que tenemos. Tanto el COMIB como SIMEBAL, se lo señalamos y exigimos hace dos días. Otros países, que están mejor que nosotros sí que han adoptado medidas mucho más contextualizadas a su incidencia.

Hay un gradiente restrictivo que se puede poner en marcha. Es duro, pero a lo mejor, toca un confinamiento absoluto, desde mañana al día 10. Probablemente esto prevendría esta temida ola de la segunda o tercera semana de enero, que predicen las curvas, si los contagios siguen igual que hasta ahora.

La curva ha ido subiendo, cual avión despegando y ha ganado ya mucha altura, pero según hagamos las cosas, este ascenso puede transformarse, en una subida tipo ascensor, y esto sería catastrófico para nuestra sanidad pública y los ciudadanos. Construyamos un 2021 esperanzador, eligiendo vivir un final de la Navidad del 2020, lleno de empatía compartida y de agradecimiento solidario.

Por cierto, espero, que el sobre esfuerzo y la disponibilidad del colectivo médico (y del resto de profesionales) sean reconocidos se retribuyan como toca. 45 euros la hora trabajada, extra.

Recuerden en derrota transitoria pero nunca en doma.

Molts d´anys.

Artículo publicado originalmente en Mallorcadiario.